martes, 29 de marzo de 2016

Diario de viaje: Cracovia en un fin de semana IV

Día 3: Últimas horas en Cracovia


Después de invertir todo el sábado conociendo Cracovia a fondo, teníamos claro que nuestro último día queríamos dedicarlo a pasear con calma, comer bien y hacer las últimas compras del viaje. Y, cómo no, nuestro último día en Cracovia empezó de la mejor de las maneras: desayunando en el bar de leche Milkbar Tomasza. Sí, habéis oído bien, los bares de leche son muy típicos en Polonia y tienen mucha historia detrás...

Por lo visto, estos establecimientos aparecieron en Polonia tras ganar su independencia después de la Primera Guerra Mundial. En ellos, se ofrecía comida barata pero saciante, y con la depresión económica de los años 30 ganaron popularidad y se extendieron por todo el país. Más adelante, tras imponerse el Comunismo en Polonia, el pueblo era pobre y apenas si había dinero para costear lo básico para vivir, por lo que los restaurantes caros (o incluso de precio medio) fueron tildados de capitalistas y, por lo tanto, mal vistos e incluso prohibidos. Fue así como en los años de la posguerra se nacionalizaron la mayoría de los restaurantes y prácticamente quedaron solo los bares de leche. En la década de los 60, estos ofrecían comida barata a los trabajadores de las empresas que no disponían de una cantina donde poder almorzar. Como dato curioso, durante los 80 el tipo de comida que se servía eran sobre todo lácteos y comida vegetariana. ¡Los polacos nos sacan años de ventaja en esto de ser unos modernuquis! Esto se debe, básicamente, a que la carne estaba racionada. En fin, no os voy a soltar más rollo wikipédico y os diré directamente que, hoy en día, los Milkbar están subvencionados, con lo que sirven comida mucho más barata de lo normal y la estrella sigue siendo la comida tradicional polaca de antaño. La única diferencia es que el movimiento hipster ha dejado huella también en este tipo de establecimientos y ahora el "postureo vintage"es lo que se puede ver sobre todo en algunos de estos Milkbar. Como ya hemos dicho, nosotras desayunamos en el Milkbar Tomasza, en la calle Świętego Tomasza 24, muy cerca de nuestro apartamento. Nos gustó mucho el sitio y la verdad que, por poco dinero, desayunamos la mar de bien. Algunas pedimos un desayuno dulce (podías elegir, por ejemplo, qué relleno quieres para tus crepes) y otras desayuno salado (tostadas, huevos revueltos, etc.). Y para muestra, un botón:

Desayuno en Milkbar Tomasza

Ya desayunadas y habiendo hecho el check-out en el apartamento, dedicamos el día a dar las últimas vueltas por la ciudad y comprar algún que otro souvenir. Tras dar vueltas y vueltas por la ciudad, y sin ningún hambre en el cuerpo, decidimos ir a comer. Sí, así de primeras, porque no nos quedaba mucho tiempo por la ciudad y no podíamos irnos de Cracovia sin comer en el restaurante U Babci Mailny (calle Sławkowska 17) que, como habréis leído en nuestro post anterior, estaba cerrado a cal y canto cuando llegamos a las nueve de la noche. Esta vez sí, lo encontramos abierto, y entramos muy decididas a probar la comida de este lugar que tantísima buena fama tenía en Internet. Pues si queréis que os diga la verdad, la experiencia fue todo un fail, y el lugar, una decepción.

U Babci Milany restaurantSí, es cierto que la decoración es muy curiosa (aunque algo tétrica), está muy bien ambientado ya que se ve un lugar "típico polaco". Pero diría más bien que han disfrazado el lugar para que parezca un restaurante tradicional, con lo que pierde bastante credibilidad. El funcionamiento, además, es un poco caos. Se trata de un comedor no muy grande con mesas largas para compartir con quien se te siente al lado, y una "barra" donde uno ha de ir a pedir la comida. La atención fue pésima: una mujer que apenas hablaba inglés y con muy malos modales. Lógicamente a uno le cuesta un poco hacerse entender cuando no entiende muy bien la carta, y la situación de ir a pedirle tu plato a esa señora impaciente que prácticamente te grita en polaco es bastante incómoda. Una vez has pedido lo que quieres, pagas y te sientas en tu mesa. La simpatiquísima mujer te habrá dado antes un número de tanda y tienes que ir vigilando una pantallita a ver si te toca a ti, porque la mujer grita cada comanda pero lo hace en polaco, con lo cual si no sabes el idioma no te vas a enterar ni del número que ha dicho ni de qué es lo que hay en el plato. Además, tras dos días y medio comiendo fuera, estábamos un poco empachadas ya de comida polaca, pues abunda el repollo, el chucrut y alimentos un poco fuertes o pesados para el estómago. No teníamos ni idea de qué pedir, así que volvimos a tirar de pierogi, y si os digo la verdad la calidad era bastante (pero bastante) mediocre. Personalmente no me hizo demasiada gracia este lugar; tenía bastantes expectativas por todo lo que habíamos leído en internet, pero sinceramente no lo recomendamos. 

Pero no pasa nada, salimos de ahí y seguimos dando vueltas por la ciudad. Siendo que ya lo habíamos visto todo, decidimos emprender el movimiento "Encontremos las paypals". ¿Que de qué estoy hablando? Bien, el día anterior, durante el tour, la guía nos habló de unos pastelitos "papales" (que, a nosotras, en inglés nos sonó a Paypal) que el Papa Juan Pablo II (a.k.a. Karol Wojtyła) puso de moda en su día al ser, según parece, "uno de sus favoritos". Así fue como nos recorrimos parte de la ciudad preguntando de aquí para allá que dónde estaban las famosas tartas. Llegamos incluso a pensar que era un mito y no existían, ¡pues no había manera de encontrarlas! Un chico al que preguntamos nos dijo que buscáramos "un rótulo luminoso rosa" de nombre impronunciable... (Creo recordar que era Wadowice) y, para cuando llegamos, ya no quedaban. ¡Qué mala suerte! Nos dijeron lo mismo en dos o tres panaderías, con lo que suponemos que deben de tener mucho éxito. Justo cuando estábamos a punto de tirar la toalla... ¡dimos con ellos en una cafetería cualquiera del centro! Victoriosas, dedicamos unos minutos a rendirnos al placer (y dulzor) de los dulces de crema papales... Si os interesa saber más, en haciendo click aquí tenéis más info sobre esta delisiosura.

Tarta de crema papal: hojaldre y nata pastelera a tutiplén

Y el día nos dio para poco más; fuimos a la recepción del apartamento a recoger nuestras maletas y tomamos rumbo al aeropuerto. Nuestro viaje a Cracovia había terminado, y las impresiones generales resultaron ser muy positivas. Habíamos disfrutado de un fin de semana entre amigas, comiendo fuera y descubriendo un país que todavía no conocíamos, Polonia. Sin duda, un lugar a donde volver en futuros viajes exprés con amigos o familia. 
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4 comentarios:

  1. Cracovia es muy chula! Pena que solo estuvierais un fin de semana ya que hay muchísimo que ver y hacer por la zona, pero así tenéis excusa para volver! Buen finde ;)

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  2. El Milkbar de la c/ Tomasza no es un bar de leche de verdad - es una reproduccion para turistas, los hay de verdad pero no es este. U Babci Maliny es un comedor barato con decoracion kitsch - seguro que no es un restaurante. Si quieres comer por cuatro perras no se que te esperas de calidad de servicio y de comida. En Cracovia hay muchos restaurantes decentes y buenos.

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    Respuestas
    1. Gracias por el apunte sobre el Milkbar de la calle Tomasza! Siempre agradecemos opinión y consejo de parte de quienes vivís allí y tenéis más conocimiento del tema! Saludos!

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  3. Me habéis recordado mi viaje a esta preciosa ciudad hace unos años, cuando ver un turista era casi un acontecimiento. Precioso e interesante lugar, no hay duda. Eso si, ¡¡¡os habéis puesto las botas con la comida!!!
    Un abrazo

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