viernes, 22 de mayo de 2015

Dinamarca: el camping de los horrores

Como todo buen viaje que se precie, nuestra ruta en coche por Dinamarca está plagada de anécdotas que, pese a ser engorrosas en su momento, con el paso del tiempo se recuerdan entre risas. Hoy os vamos a contar un par de ellas: la del borracho al que tuvimos que socorrer, y la de la carrera de coches para evitar a un enajenado. Allá van nuestras historias:

Era nuestro penúltimo día en Dinamarca y lo pasaríamos en Aalborg, al norte del país. Llegamos a la ciudad a primera hora de la tarde y nos dirigimos directas al albergue a dejar nuestras cosas. De camino, vimos a un individuo muy peculiar, pues tenía unos andares muy extraños, aunque ninguna quiso hacer comentarios no fuera que el pobre tuviera algún tipo de minusvalía. Una vez instaladas en nuestra caseta, vimos por la ventana al mismo chico caminando entre los arbustos. Ahí sí, pudimos comprobar que lo que le pasaba era que tenía una borrachera encima que no se la aguantaba. Por algún motivo, decidimos apodarlo José Mari. "Mira a José Mari qué ritmo lleva caminando de arriba abajo entre los árboles...".

anécdota dinamarca
José Mari K.O.
Entre bromas y risas salimos de la cabaña y nos dirigimos hacia el coche cuando, de repente y a lo lejos, vimos a José Mari en el suelo. "Estará tomando la fresca", pensamos... hasta que nos acercamos y observamos que le salía espuma de la boca. ¿Y ahora qué hacemos? Le preguntamos que si se encontraba bien pero no contestaba, sólo asentía con la cabeza (enterrada bajo los brazos) y seguía sacando espuma. Lo peor de todo es que en ese camping (y como en todo el país) no había nadie por la calle; estaba todo totalmente desierto. Al ser domingo y festivo, los responsables del recinto tampoco estaban por allí. El único que se acercó al vernos agachadas intentando entablar conversación con J. M. fue un tipo con rastas que iba en bici y que, a pesar de estar a nuestro lado mirando la escena, poco hizo para echar una mano. Nos escuchó hablar español y supongo que le pareció un buen momento para soltar las dos o tres palabras que sabía: "¡Ah, español, siesta, servesa!". Haciendo caso omiso al hombre tendido en el suelo inconsciente, nos empezó a preguntar que cuál era la diferencia entre "buenas tardes" y "buenas noches" en nuestro idioma, mientras seguía rodeándonos en círculo con su bici. Era todo muy surrealista. Sacamos el móvil para pedir ayuda, pero no sabíamos cuál era el número de la policía ni de los bomberos, así que probamos con el 112. Justo en ese momento, apareció una pareja y nos preguntó que si podían ayudarnos. ¡Al fin, salvados! Llamaron a emergencias y estuvieron un buen rato hablando por teléfono en danés, por lo que no entendíamos ni papa y, cuando vimos aparecer la ambulancia, cogimos el coche y nos fuimos (al fin) a visitar Aalborg.

El resto de la tarde fue muy bien; nos encantó la ciudad y disfrutamos del paseo... hasta que llegó la noche, y con ella, nuestra segunda anécdota para rematar el día. Resulta que hay varias entradas para acceder a la zona del camping, y nosotras nos metimos por error en la entrada equivocada. El sendero daba a un pequeño embarcadero, y nos dirigimos hacia las barcas que estaban amarradas en tierra para poder dar la vuelta y volver por donde habíamos venido... cuando de repente, las intensas luces del coche alumbraron a una pareja de chicos... dándose amor. Con lo oscuro que estaba no los habíamos visto, y ahora les habíamos pillado in fraganti. En lugar de avergonzarse por haber sido descubiertos, uno de ellos salió corriendo hacia nosotras, todavía subiéndose los pantalones, con cara de enajenado total y sin miedo alguno de ser atropellado. Juro que salió de la nada, de entre la oscuridad, y verlo venir corriendo con esa cara de drogado-endemoniado, al más puro estilo película de terror, nos asustó tanto que reculamos como pudimos con el coche y huimos de allí a toda prisa mientras él nos perseguía, o eso creímos en su momento. Finalmente le perdimos la pista, pero a este alboroto se unió de repente un coche detrás de nosotras con gente sacando el cuerpo por el techo descapotable y persiguiéndonos por cada callejón en el que nos metíamos. Nos alejamos tanto del camping que acabamos de nuevo en el centro de la ciudad, y decidimos apagar todas las luces del coche y conducir de extranjis in the night para no ser vistas. Realmente temimos que no dejaran de perseguirnos e incluso nos atacaran. En un país donde no hablas el idioma y donde no conoces nada ni a nadie, da cosilla verse en una situación así. Pasados unos minutos, y todavía con miedo en el cuerpo, regresamos al albergue, aparcamos el coche y corrimos hacia la cabaña. Ninguna se atrevía siquiera a ir a los baños, que estaban en un habitáculo a unos metros de nuestra caseta. 


Como siempre, tras el susto inicial vinieron las risas, y acabamos por dormirnos en los colchones pelados sin sábanas y en compañía de las hormigas, que eran las dueñas del lugar. Sin duda unas anécdotas que marcarían nuestro viaje y nos sacarían unas risas al recordarlas.

Y a vosotros, ¿os ha pasado algo parecido alguna vez? ¿Cómo actuasteis? 
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2 comentarios:

  1. Vaya tela de día!!! jajajaja Lo de la persecución ha sonado a película de terror!! Pufff!!! Y volver sin luces en el coche!! :O Menos mal que solo fue un susto!

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  2. Muy divertida vuestras anécdotas. Nosotros viajamos con menores y afortunadamente no tenemos anécdotas de este tipo, que no sería cuestión....Afortunadamente esta "peli" tuvo un final feliz. Saludos viajeros.

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