viernes, 17 de abril de 2015

El día en que me puse mala estando de Erasmus

Ya hacía tiempo que no explicaba una de mis anécdotas viajeras, pero lo cierto es que a mí no suele pasarme nada memorable. Sin embargo, las probabilidades aumentan estando de Erasmus: si estás tres meses fuera y viajas casi cada fin de semana, por narices algo te tiene que pasar. Hacia la mitad de mi estancia en tierras inglesas me fui a pasar un fin de semana a Londres y... ¡tachán! Cogí anginas. Esta fue mi experiencia con la sanidad inglesa.









Era la última semana de octubre y ya contaba los días para irme a Londres, donde mi pareja de entonces y yo íbamos a vernos después de tres semanas. Sin embargo, el frío empezaba a pasar factura y todo el mundo empezó a caer enfermo... pero yo me negaba, me negaba en rotundo. Era MI fin de semana, me iba a pasar Halloween a Londres y nada me lo iba a impedir. Tras una semana comiendo naranjas de dos en dos, atiborrándome a Ibuprofeno y paracetamol y sin salir de mi habitación para no coger frío, llegó al fin el viernes y lo había conseguido: habia llegado «sana» y salva al día D.

Pasamos un primer día estupendo viendo la ciudad. Londres nos recibió... digamos que no llovía, que ya era mucho. Pero al levantarnos al día siguiente... ¡oh, oh! No me sentía nada bien. Me fui a la ducha medio grogui (creo que bastante febril), y entonces mi pareja me dijo: «¿Quieres que nos quedemos en el hotel? No te veo yo en condiciones de pasar todo el día fuera viendo la ciudad.» ¿Quedarme en el hotel, estando en Londres? ¡Ni hablar! El espíritu viajero se apoderó de mí y después de tomarme un Ibuprofeno salimos a explorar más rincones de la capital. Pero decir que ese día llovió sería quedarse corta. Diluvió, y como no podía ser de otro modo nos cogió a la intemperie, el frío nos caló los huesos y teníamos los pies empapados. Al llegar al hotel una tiritera... Que nada más cenar me metí en la cama. Estaba on fire. Pero ¿qué íbamos a hacer? Estábamos en una ciudad desconocida y no sabíamos muy bien adónde ir en una situación así, así que no podía hacer mucho más que seguir tomando medicamentos para que me bajara la fiebre y esperar al día siguiente.

Y por fin llegó la mañana.

Sin perder más tiempo fuimos a un hospital que no recuerdo ni cómo encontramos y nos dirigimos a urgencias. Pasamos por el mostrador de admisiones, que no es como aquí, donde tienes un contacto directo con la persona que te atiende. No, allí había un cristal en medio y una rendija bajo el mismo, como en los bancos. La cosa fue tal que así:

Carol: Hola, vengo porque he pasado la noche con fiebre.
Mujer: ¿Qué otros síntomas tienes?
Carol: Me duele la cabeza, la garganta y tengo tos. (En ese momento bendije a mi profesora de inglés del instituto por enseñarme a decir todo esto en inglés.)
Mujer: De acuerdo. ¿Tienes la Tarjeta Sanitaria Europea?
Carol: Sí, aquí está.
Mujer: Muy bien. ¿Puedes pasar la mano por debajo del cristal?

Mi inglés en aquel momento no era el mejor del mundo, pero sí, había entendido bien. Bueno, vale, de acuerdo... Pasé la mano por debajo del cristal y esa mujer tan amable me tomó el pulso. Me dijo que eso era todo, que ya podía sentarme y que enseguida me llamarían.

No pasaron ni cinco minutos cuando me llamó la enfermera. Me tomó la temperatura, me reconoció, al verme las amígdalas me dijo «oh, nasty...» (que viene a ser «¡qué asco!») y me dio más pastillas para bajarme la fiebre, que ya había empezado a subir otra vez. Entonces me dijo que enseguida venía la doctora (a todo esto, yo en aquel momento pensaba que ella era la doctora), y empecé a sentirme en una gymkana.

A partir de aquí no recuerdo mucho más, solo que me recetaron penicilina y que, a pesar de estas rarezas, quedé muy satisfecha con la sanidad inglesa. Fueron muy amables (quitando ese nasty, pero la enfermera fue muy maja, en serio), me atendieron rapidísimo y en el mismo hospital me proporcionaron todas las medicinas necesarias, cosa que es de agradecer cuando estás en un país que no es el tuyo y no tienes ni idea de cómo funcionan las cosas...

¿Y vosotros? ¿Habéis tenido que ir al médico estando de viaje?
¿Cómo fue vuestra experiencia?

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2 comentarios:

  1. Joooooo qué mal trago! :O
    Espero que desde entonces hayas vuelto a Londres para disfrutarla en condiciones! Al menos te atendieron bien en urgencias :)

    Un saludo!

    BLOG: THE AMPELFRAU ADVENTURES

    ResponderEliminar
  2. Yo creo que ese "nasty" se refiere más a que no tenía buena pinta y que no estaba dicho con ninguna mala intención. Afortunadamente, no he tenido que ir al médico en mis viajes. Toco madera.

    ResponderEliminar

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