martes, 27 de enero de 2015

Viaje exprés: cuatro días, cuatro ciudades, tres países II

Tras un primer día callejeando por Salzburgo, nuestro segundo día en la ciudad amaneció ligeramente nevado. Nuestro plan era bajar a desayunar a las 8:00h, estar en el aeropuerto a las 9:00h para recoger el coche, y con un poco de suerte llegar a Viena sobre las 11:30h. ¡El plan pintaba perfecto! Tendríamos todo el día para visitar la ciudad... o eso creíamos. Descubrid con nosotros cómo fue nuestro segundo día en la capital austríaca y cómo prosiguió nuestro viaje exprés por el centro de Europa.

Como os he adelantado, contábamos con llegar a Viena antes del mediodía para poder disfrutar de las pocas horas de sol que caracterizan a Europa Central en esa época del año. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo me iba dando cuenta de que no lo íbamos a conseguir tan fácilmente... Íbamos con mucho retraso respecto a lo planeado. A cada hora que pasaba, yo miraba el reloj y añadía mentalmente una hora más a nuestra llegada a Viena. Tengo que reconocer que estaba algo bastante nerviosa e impaciente, pero si algo he aprendido de mi pareja es a que estar de vacaciones significa también disfrutar sin prisas de las cosas (¡sobre todo, del desayuno!). Ya madrugamos bastante durante el año y vamos corriendo a todas partes como para que sigamos el mismo ritmo acelerado y estresado para cuatro días de vacaciones que tenemos... ¿no? Al fin y al cabo, eran las 9:00h de la mañana, ¡todavía teníamos tiempo! Finalmente, recogimos el coche a las 10:00h y llegamos a Viena a una hora decente. El camino en coche, de una duración de dos horas y media, se nos pasó volando y disfrutamos de una combinación de paisajes nevados y cielos despejados. ¡Hasta vimos el sol! Eso sí, antes de todo revisamos el vehículo y seguimos los pasos que nos explicó Mar en su entrada sobre Consejos generales para el alquiler de coche. Si todavía no lo habéis leído, os recomiendo que le echéis un ojo, pues a nosotros nos fue muy útil para saber qué tener en cuenta tanto al recogerlo como al devolverlo.



Llegamos a Viena y aparcamos frente al hotel que habíamos reservado, el Hotel Donauwalzer. Nos decantamos por este porque las críticas estaban bien y hablaban maravillas del desayuno, aunque la verdad que la habitación -aunque bastante grande- era un poco vieja y el baño parecía más bien de la época de mi abuela. Pero kein Problem, no somos muy quisquillosos con esas cosas, y al día siguiente el desayuno efectivamente nos dejó bien satisfechos. 

Dejamos las cosas y nos dirigimos a la parada de metro (U-Bahn) más cercana (a unos 5 minutos a pie) y compramos dos billetes individuales para un día. Aquí os dejo las fotos para que sepáis qué opciones debéis marcar en la máquina. No os preocupéis, ¡están también en español!

1. Escogéis la opción llamada 24/48/72 Stunden Wien
2. Elegís de cuántas horas queréis el billete de día
3. Seleccionáis el número de tarjetas (uno por pasajero, máximo 5 de golpe)
4. ¡No olvidéis validar el ticket! (Solo hará falta que validéis la primera vez)

Nuestra primera parada fue el que se conoce como el Palacio de Sissi Emperatriz (Schloss Schönnbrunn). Para llegar, debéis coger la línea verde (U4) y bajaros en la parada Schönbrunn. Al salir, solo debéis seguir al montón de gente que se dirige a la entrada del Palacio, hacia la derecha. Para más información sobre visitas y tours, podéis leer el post de Carol sobre su visita al Palacio haciendo clic aquí. Ya había visitado el Schönnbrunn hacía unos años, y en mi mente se agolpaban las imágenes que presencié en persona así como las fotos que Carol había publicado en su post, y lo que vi no acabó encajando con lo que yo recordaba. Le vendí la visita a los jardines (no quisimos pagar entrada para ver la exposición por dentro) a mi pareja como algo increíble: "Vas a alucinar, son unos jardines preciosos llenos de flores"... Lo que no tuve en cuenta es que, en pleno diciembre, lo único que había en el césped eran unas marcas marrones que indicaban que en algún momento del año había habido flores de todos los tipos y colores. Así pues, aunque el paisaje seguía siendo bonito, en invierno pierde bastante y no resultó tan impresionante como esperábamos. Dimos un breve paseo por el parque y regresamos a la entrada del Palacio, donde había un mercadillo navideño con puestecitos de comida. Llevábamos sin comer nada desde el desayuno, y entre unas cosas y otras ya eran las cinco de la tarde. Probamos un par de platos típicos y nos tomamos una cerveza salzburguesa (sí, ir a Viena para tomar una cerveza de Salzburgo tampoco es de lo más normal) y cuando estuvimos satisfechos y con el estómago lleno nos dirigimos al centro de la ciudad.







Una vez más, lo que vi no se correspondía con lo que yo recordaba. Visitar una ciudad en verano con luz diurna y buen tiempo no es lo mismo que hacerlo en invierno con el frío y la oscuridad, pues parecen dos ciudades distintas. Aprovechando que cogíamos la línea U4 desde Schönbrunn, nos bajamos en la parada Karlsplatz y salimos directamente a la Ópera. Justo a un lateral de este edificio nos topamos con el Café Sacher, el lugar por excelencia donde tomar una mítica Tarta Sacher. Desde que vi que tanto Carol como otros viajeros como Una estudiante por el mundo habían disfrutado de algo tan típicamente vienés, tuve claro que a la segunda iba la vencida y esta vez nada impediría que yo hiciera lo mismo. Sin embargo, la cola daba toda la vuelta al edificio del Hotel Sacher y decidimos volver más tarde. Así pues, nos dirigimos a la Albertina y, tras esquivar y dar largas a un par de personajes disfrazados de época que intentan venderte entradas para conciertos de música clásica, tomamos una calle sin rumbo fijo y, caminando caminando, llegamos a la zona de los museos, el Museumsquartier. Tengo que decir que en mi mente todo lo recordaba de otra manera, así que tuve un momento de esos de "no sé dónde c* leches estamos" hasta que finalmente nos orientamos y descubrimos que, en realidad, no estábamos tan alejados de la zona que queríamos ver, donde se encuentra todo el meollo de edificios impresionantes y museos. Así, dimos una vuelta por la zona y vimos todo lo que Carol nos había sugerido en su post.


Teníamos tanto frío que tomamos un bus para volver al punto de partida sin saber exactamente en qué dirección íbamos. Por suerte, este pasaba cerca de nuestro destino y solo tuvimos que caminar un poquito para llegar de nuevo al Café Sacher. Eran cerca de las siete de la tarde y la cola esta vez era cortísima, por lo que no tuvimos que esperar mucho. (Consejo: sobre las 19:30 no había cola en absoluto, por lo que os recomendamos acudir a partir de entonces si queréis ahorraros la espera). Entre que entrábamos y no, se puso a nevar, y una vez dentro la estampa era de ensueño. Un lugar precioso decorado al estilo de la época, sentados cerca de la ventana y tomando un café calentito mientras afuera nevaba. Yo que llevaba tanto tiempo soñando con tomarme una típica tarta Sacher en el café que lleva su nombre, y a la hora de pedir no se me ocurre otra cosa que ¡decantarme por un Apfelstrudel! Mi pareja casi me mata. "¿En serio llevas esperando tanto tiempo para entrar, para al final tomarte un Apfelstrudel, que eso te lo puedes tomar en cualquier otro sitio?". Cuanto más me lo decía, más graciosa me parecía la situación. Ir al Café Sacher y pedirse una tarta de manzana. Al final le hice caso y nos pedimos una tarta Sacher cada uno y un par de cafés. Debo decir que el pastel o tarta de chocolate no es precisamente mi postre favorito, pero esta estaba realmente rica, y disfrutamos de una de las pocas experiencias típicas que teníamos en nuestra lista de cosas pendientes para el viaje.



Al salir, y todavía nevando, paseamos por la calle peatonal para comprar souvenirs y vimos la catedral (Stephansdom) iluminada por las luces de la calle. Decidimos que sería una buena idea ir a un pub tirado a tomar una cerveza vienesa, pero de nuevo, por más vueltas que dimos, no dimos con ningún sitio que no fuera un restaurante de comida rápida para llevar (Trafik, Kiosk o Imbiss, que se llaman). Queríamos ir a cenar al famosísimo restaurante Centimeter II, pero no teníamos encima las indicaciones para llegar, y no podíamos preguntar a nadie porque no teníamos internet en el móvil y no recordábamos el nombre exacto. Tomamos rumbo al hotel con la intención de consultar la dirección rápidamente y dirigirnos hacia allá. Sin embargo, una vez puse un pie en la habitación me pudo el cansacio y, viendo que el restaurante estaba a 45 minutos caminando (estaba cansada de coger el metro), acabamos bajando al McDonald's de la calle de al lado y comiendo una hamburguesa. Estaba tan cansada y tenía tanto frío, que no tenía ni hambre. Además, había apretado y nevaba bastante, así que dimos por finalizado el día. Al día siguiente nos esperaba un tute aún más intenso, pero eso nosotros todavía no lo sabíamos... No os perdáis la próxima entrega de este viaje exprés por Europa Central.



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5 comentarios:

  1. Ayyyyyyy Viena! :O
    Mi adorada Viena, qué recuerdos al leer vuestra entrada! Me he emocionado jajaja. Puede que tenga suerte si me aceptan en la uni de allí podré pasar DOS AÑOS en la capital austriaca, pero por ahora me conformo con ver fotos y pasar envidia jajaja.

    Lo cierto es que tiene tela lo del Apfelstrudel, pero seguro que también estaba riquísimo :P. Una pena lo de las flores de Schönbrunn, a mi me pasó lo mismo en los Mirabellgarten de Salzburgo. Pero de todas formas son ciudades preciosas y merece la pena visitarlas en cualquier momento del año :)

    Un beso!

    http://unaestudiantenomada.blogspot.com/

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  2. Bueno, pues para ir con la angustia de no tener tiempo para Viena el día dio mucho de si!!! Es una ciudad maravillosa, y sin duda nada mejor para acabar el día y refugiarse del frío que esa tarta Sacher (si no te la pides hubiera sido para matarte jejejejeje...) Yo conocí la capital austriaca en verano, y como bien dices, las horas de luz y el sol convierte a la ciudad en lugar distinto.
    Un abrazo

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  3. Esto es lo que se llama aprovechar el tiempo al máximo. Viena me gustó mucho, y eso que la ví en dos días grises, fríos y lluviosos. Tendré que ir en otra época porque coincido contigo, que el tiempo que te toca influye en la impresión que te deja el destino. Bueno el tip para la tarta Sacher, aunque me quedo con la curiosidad de saber si el Apfelstrudel estaba bueno. Qué lástima que no lo pediste jajaja

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  4. Viena es un lugar a que todavía no he ido pero a que espero ir pronto.
    Seguramente, a la hora de ir, tendremos en cuenta este post.

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  5. ¡Jo, qué recuerdos al leer vuestra entrada! Viena es una ciudad que me encantó. A ver si ahora que parece que mis conocimientos de alemán van avanzando, me animo a volver.

    Me alegro de que no dejaseis pasar la oportunidad de ir al Café Sacher ;)

    ¡Un abrazo!

    Chelo

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