viernes, 28 de noviembre de 2014

El día en que viajamos en tarifa SuperEconomy

Ya hacía tiempo que no publicábamos una entrada sobre anécdotas, como la del día que dormimos en un aeropuerto o el día en que casi morimos, ambas durante nuestro viaje a Grecia, y ya iba siendo hora de recuperar las buenas costumbres y traeros algo de chicha. Nuestra anécdota de hoy cuenta la historia de los dos viajes de ida y vuelta en ferry que hicimos de Atenas a Santorini y de cómo sobrevivimos a ocho interminables horas en la tarifa más baja que ofrecía la compañía. Welcome on board!

Cuando decidimos que nuestro viaje de fin de curso sería a Grecia, teníamos claro que no queríamos quedarnos solamente con ver la capital y que debíamos visitar, al menos, una isla. La elegida no sería otra que Santorini, conocida por su forma de luna y por su romántica belleza. Así, reservamos los billetes de ferry con la compañía Aferry ya que era la que ofrecía mejores rutas y precios. Teníamos claro que queríamos pagar cuanto menos posible, y si eso conllevaba viajar sin un asiento otorgado o en el suelo, así sería. Éramos Somos unos valientes. Sabíamos que nos enfrentábamos a ocho horas y media de viaje, que ninguno de nosotros había navegado antes y que nos exponíamos estar mareados durante todo el trayecto. Una vez más, nos auto convencimos con la excusa de siempre "somos muchos, seguro que no nos aburrimos"... Tan solo tendríamos que seguir los consejos sobre cómo entretenerse en viajes largos. Parece que no escarmentamos... Pero oye, es que nos salía el trayecto por solamente 24€, y la siguiente tarifa (la Economy) ya ascendía a unos 40€. Así que nos arriesgamos y reservamos los billetes en SuperEconomy. El nombre lo dice todo. Nuestro ferry salía del puerto de Pireo, Atenas, un 19 de abril a las 07:35h. La hora estimada de llegada a Santorini eran las 15:00h, pero madrugamos tanto ese día que estábamos seguros de que podríamos dormir al menos 6 o 7 horas del tirón. Llegamos al puerto bien temprano y no había un alma. ¿Dónde se coge el ferry? ¿Será ese de ahí? ¿Por qué no hay nadie? ¿Llegamos los primeros? Angelicos... Cuando entramos había ahí concentrada una multitud de gente que no había ni un asiento libre, ¡y éramos ocho! Imposible sentarnos todos juntos, íbamos a tener que separarnos y sentarnos donde hubiera un hueco libre. Nos pasamos un rato dando vueltas por la zona de cafetería (nuestro billete no nos permitía más categoría, yo creo que no nos dejaron en el exterior por pena y porque llovía, que si no tampoco tendríamos derecho ni a estar calentitos dentro) y preguntando a la gente si estaba la silla libre. De alguna manera, Javi y yo conseguimos sentarnos juntos, y ahí empezó la verdadera odisea.

Viaje en ferry Atenas Santorini
Mientras, Steffi y Mar iban acompañadas de Chanquete
Resulta que teníamos a un hombre sentado delante con una pinta de tener bastantes pocas luces. Inició conversación con nosotros poco a poco, primero con comentarios del tipo "cuánta gente, eh" y luego preguntando que a dónde íbamos y por qué, y qué íbamos a hacer. Todo esto en inglés, porque el tipo era griego. Yo me mantuve al margen y dejé que Javi contestara a sus preguntas, pero entonces fue cuando empezó a contarnos que su madre (era un poco Forrest Gump con lo de "mi mamá dice que...") decía que si hacía mucho viento y el mar estaba al nivel 4 (o algo así), podían hacernos bajar porque naufragaría la embarcación, y que seguro que nos iba a pasar eso. Llegados a ese punto, lo que hice fue subirme la cremallera del jersey hasta arriba, taparme la cara con un pañuelo y hacer como que dormía para que Javi se comiera el marrón. Y vaya que si se lo comió; tanto es así que yo me quedé dormida un par de horas y, al despertar, el loquito (así lo bautizamos) seguía hablando con Javi, que tenía los ojos rojos del sueño y cara de desesperación.

Y mientras tanto, ¿qué hacían los demás? A Sergio y Charlotte les perdí la pista desde el principio; Steffi y Mar dormitaban junto a Chanquete, y Dani y Carol intentaban dormir sin éxito, ya que el único sitio que cogieron estaba justo al lado de la puerta que llevaba al exterior, con lo que la gente entraba y salía y ellos se comían los portazos y las corrientes de aire frío. Se podría decir que entre unos y otros, no estaba la cosa para tirar cohetes.

Como el Ferry hizo dos paradas antes de llegar a Santorini, mucha gente bajó y eso hizo que pudiéramos sentarnos todos más o menos juntos para poder hablar, jugar a las cartas o, como fue en el caso de Javi, dormir al fin. El loquito siguió hablando solo (literalmente, le hablaba al aire) hasta que en algún punto del viaje se bajó sin que ninguno nos diéramos cuenta, y se dejó unas galletas sobre la mesa que Mar acabó comiéndose. Debéis recordar que, en la tarifa SuperEconomy, solo se nos permitía permanecer en el área de la cafetería, así que teníamos el culo ya cuadrado y la espalda hecha polvo. Intentamos echar un vistazo al resto del barco dando una vuelta, pero al caminar se notaba el movimiento de las olas (estaba lloviendo) y mareaba bastante. Al final se nos juntó el hambre y el mareo y acabamos con náuseas y sin saber si sería peor seguir con el estómago vacío o comer algo. Cuando al fin llegamos a Santorini, una eternidad más tarde, solo teníamos ganas de estirar las piernas y respirar aire fresco. Salimos de ahí corriendo y con la promesa de que, a la vuelta, no nos pasaría lo mismo.

Viaje en ferry Atenas Santorini
Intentando salir del ferry entre la multitud
¡Y tanto que no nos pasó lo mismo! El día en que, con mucha tristeza, tuvimos que abandonar Santorini para volver a Atenas, el ferry de vuelta salía a las 15:30h de la tarde, y nosotros nos plantamos en el lugar de salida como dos horas y media antes. Ante todo, previsión. Conforme se acercaba la hora iba llegando más y más gente, hasta el punto en que acabamos bastante atrás en las filas. Pero ni hablar, entre codazos y empujones disimulados nos hicimos paso hasta ponernos los primeros, y en cuanto se abrieron las puertas todo el mundo salió corriendo, literalmente, hacia el ferry. Corrimos con las maletas que ríete tú de Los Juegos del Hambre. Éramos ocho, así que el primero que lograra entrar a la cafetería tenía la misión de coger sitio para todos, ¡y así fue! Pudimos sentarnos todos juntos y sobrellevar las siguientes ocho horas y media hablando, paseando por el barco, viendo el atardecer y comiendo los sándwiches que nos habían sobrado para ese día. Cuando llegamos a Atenas, casi tocando la medianoche, estábamos cansadísimos y empachados tras ocho días comiendo a base de sándwiches de jamón y queso. Os recomendamos, que si vais a viajar unos cuantos días, hagáis el favor de cambiar un poco el menú porque yo acabé hasta arriba de comer lo mismo, hasta el punto de no comer nada en todo lo que duró el trayecto de vuelta. Que sí, que son la opción más barata, pero entre el mareito de las ocho horas y media y el hambre, solo tenía ganas de teletransportarme y tocar tierra cuanto antes.

Viaje en ferry Atenas Santorini
El Dream Team a bordo

Viaje en ferry Atenas Santorini

Viaje en ferry Atenas Santorini

Viaje en ferry Atenas Santorini

Nota: Que conste que el hecho de estar todos juntos a la vuelta no quitó que las horas pasaran lentísimas y el viaje se hiciera eterno. ¡No sé yo si volvería a repetir semejante odisea! Y vosotros, ¿habéis hecho esta ruta alguna vez o alguna similar que se os haya hecho eterna? ¿Cómo pudisteis paliar con las horas muertas? ¡Contadnos vuestra aventura!
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2 comentarios:

  1. Qué agobio de trayecto, no? A mí se me hizo larguísima la vuelta de Bangkok a Madrid con escala de por medio en Londres. Solo hasta Londres fueron casi 12 horas y casi me da algo! No era capaz de dormir y no sabía ni qué ver en la pantallita del avión! Qué aburrimiento! Y mientras tanto, mi chico durmiendo como si fuera un oso en hibernación! ni se enteró del vuelo!

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  2. Jajajajajaj madre mía, qué claustrofobia! :O La tarifa Super Economy sin duda no decepciona jajaja, hace justicia a su nombre.
    Un viaje que se me hizo largo fue un tren nocturno de Berlín a París, de 15h. Creo que fue más el hecho de que el día anterior solo podíamos pensar en las quince horazas que teníamos que estar en el tren que el viaje en sí. De la desesperación acabé durmiendo en el suelo del tren, mejor no cuento cómo de asqueroso acabó mi pelo :/.
    De todas formas estos laaargos viajes, por muy desesperantes que puedan ser en el momento, siempre traen anécdotas memorables :)

    Saludos!

    http://unaestudiantenomada.blogspot.com/

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